Sergio Luna Vargas
Llegar como otras tantas veces
encontrarse de nuevo en el umbral del recuerdo
rasgos parlantes de sabiduría
un alto en el camino que nos inunda pleno,
amplios resúmenes de vida insatisfecha
evocaciones, convivencias,
sabores, habladurías y complacencia;
el sino propio del repetitivo ambiente.
No es posible detener el embate de un mundo diferente,
saturado de comunicación sencilla,
donde todos son iguales
o pretenden ser diferentes
sin conseguirlo
el sello indeleble
que salta a tu piel para ser partícipe
de contenidos inolvidables.
Te sabes único pero perteneces a todos,
no hay escapatoria.
El recuerdo amoroso del intentar haber sido,
la marca cósmica profunda y definitiva,
reventando al unísono de la tragedia del ausente,
arrastrando con violencia
todo sentimiento de pertenencia.
Amigos y parientes disfrutan alegrando vidas,
Mucha gente nueva, que resuma entrega.
Voces estentóreas por las calles trajinadas
Rastros de piononos y ruidosos baches,
Vajillas llenas de suculentos potajes,
Hombres del volante y su visión pendular
de la eterna lucha por la subsistencia,
Rutas que te llevan a cualquier parte,
En cualquier día y al menor resuello,
rostros de pobreza con el orgullo henchido,
No dejas de admirar con deleite
las manifestaciones del arte intrínseco
el barro milenario,
maderas detalladas,
multicolores telas;
naturaleza transformada
manos superlativas
mentes llenas de inventiva
Tu alma viva y trastocada,
Ante exuberantes huellas del milenario quehacer
que no deja de pervivir,
y revierte,
… pasa y olvida,
con retornos de impulso renovado.
Ya nada es igual.
Tal vez solamente
el signo de la tierra amada
y el calor que aun respiras
aquel que te desgarra poco a poco
y que te revienta el alma