martes, 17 de febrero de 2009
EL MUNDO ES COMO APARECE
GUERRA
MENOS TU VIENTRE
SI AMAS A ALGUIEN ...
CONSIDERENME IDO
martes, 13 de enero de 2009
DE ATARDECERES Y SOLEDADES
Sergio Luna Vargas
Llegar como otras tantas veces
encontrarse de nuevo en el umbral del recuerdo
rasgos parlantes de sabiduría
un alto en el camino que nos inunda pleno,
amplios resúmenes de vida insatisfecha
evocaciones, convivencias,
sabores, habladurías y complacencia;
el sino propio del repetitivo ambiente.
No es posible detener el embate de un mundo diferente,
saturado de comunicación sencilla,
donde todos son iguales
o pretenden ser diferentes
sin conseguirlo
el sello indeleble
que salta a tu piel para ser partícipe
de contenidos inolvidables.
Te sabes único pero perteneces a todos,
no hay escapatoria.
El recuerdo amoroso del intentar haber sido,
la marca cósmica profunda y definitiva,
reventando al unísono de la tragedia del ausente,
arrastrando con violencia
todo sentimiento de pertenencia.
Amigos y parientes disfrutan alegrando vidas,
Mucha gente nueva, que resuma entrega.
Voces estentóreas por las calles trajinadas
Rastros de piononos y ruidosos baches,
Vajillas llenas de suculentos potajes,
Hombres del volante y su visión pendular
de la eterna lucha por la subsistencia,
Rutas que te llevan a cualquier parte,
En cualquier día y al menor resuello,
rostros de pobreza con el orgullo henchido,
No dejas de admirar con deleite
las manifestaciones del arte intrínseco
el barro milenario,
maderas detalladas,
multicolores telas;
naturaleza transformada
manos superlativas
mentes llenas de inventiva
Tu alma viva y trastocada,
Ante exuberantes huellas del milenario quehacer
que no deja de pervivir,
y revierte,
… pasa y olvida,
con retornos de impulso renovado.
Ya nada es igual.
Tal vez solamente
el signo de la tierra amada
y el calor que aun respiras
aquel que te desgarra poco a poco
y que te revienta el alma
DE LA IMPUNIDAD
De la impunidad
Hay un sollozo de fuego en esta reminiscencia
/de océano y de barcos.
Contarnos que es otoño y el café está en la mesa
/dejó de ser parte de los días.
La mirada es ahora un fragmentario sol desgarrándonos
/las alas.
Musgo. Bestia.
Helada temprana en los huesos, en los corazones
/agrietados.
Resuello de un vientre enrojecido de llanto y silencio.
Cóncava penumbra rasgando la música. No luz. No aire.
Nos dibujan una historia
(Erase una vez...)
de huéspedes sin memoria
(en un lejano país...)
Mientras un dolor agreste
Sin nombre
(y vivieron felices...)
nos traspasa todos los días
todas las historias...
MARÍA BELÉN ALEMÁN
(de "Detrás de los silencios...”)
EL JARDIN DE LAS DELICIAS
Olga Orozco
¿Acaso es nada más que una zona de abismos y volcanes en
plena ebullición, predestinada a ciegas para las ceremonias de la
especie en esta inexplicable travesía hacia abajo? ¿O tal vez un
atajo, una emboscada oscura donde el demonio aspira la inocencia
y sella a sangre y fuego su condena en la estirpe del alma?¿ O tan
sólo quizás una región marcada como un cruce de encuentro
y desencuentro entre dos cuerpos sumisos como soles?
No. Ni vivero de la Perpetuación, ni fragua del pecado original,
ni trampa del instinto, por más que un solo viento exasperado
propague a la vez el humo, la combustión y la ceniza. Ni siquiera
un lugar, aunque se precipite el firmamento y haya un cielo que
huye, innumerable, como todo instantáneo paraíso.
A solas, sólo un número insensato, un pliegue en las membranas
de la ausencia, un relámpago sepultado en un jardín.
Pero basta el deseo, el sobresalto del amor, la sirena del
viaje, y entonces es más bien un nudo tenso en torno al haz de
todos los sentidos y sus múltiples ramas ramificadas hasta el
árbol de la primera tentación, hasta el jardín de las delicias y
sus secretas ciencias de extravío que se expanden de pronto
de la cabeza hasta los pies igual que una sonrisa, lo mismo
que una red de ansiosos filamentos arrancados al rayo, la
corriente erizada reptando en busca del exterminio 0 la salida,
escurriéndose adentro, arrastrada por esos sortilegios que son
como tentáculos de mar y arrebatan con vértigo indecible
hasta el fondo del tacto, hasta el centro sin fin que se desfonda
cayendo hacia lo alto, mientras pasa y traspasa esa orgánica
noche interrogante de crestas y de hocicos y bocinas, con
jadeo de bestia fugitiva, con su flanco azuzado por el látigo
del horizonte inalcanzable, con sus ojos abiertos al misterio
de la doble tiniebla, derribando con cada sacudida la nebulosa
maquinaria del planeta, poniendo en suspensión corolas como
labios, esferas como frutos palpitantes, burbujas donde late la
espuma de otro mundo, constelaciones extraídas vivas de su
prado natal, un éxodo de galaxias semejantes a plumas girando
locamente en el gran aluvión, en ese torbellino atronador que
ya se precipita por el embudo de la muerte con todo el universo
en expansión, con todo el universo en contracción para el parto
del cielo, y hace estallar de pronto la redoma y dispersa en la
sangre la creación.
El sexo, sí,
más bien una medida:
la mitad del deseo, que es apenas la mitad del amor.